La leyenda del Puig Campana


Escribí en el arenal
los tres nombres de la vida:
vida, muerte, amor.

Miguel Hernández 


      El gigante Roldán habitaba en la ladera del Puig Campana. Su vida era anodina, solitaria y triste. Bebía el vino que él mismo hacía para olvidar su lastimosa vida.

      Un día en que bajó al llano para cazar algún animal que le alimentara más que las hierbas de la sierra, vio ante él a una hermosa joven y quedaron prendados el uno del otro.

      Su vida juntos era la suprema felicidad.

      Un día, un hechicero que pasaba por allí le advirtió que su amada moriría al ponerse el sol. Roldán corrió al encuentro de ella, pero, cuando llegó, la joven ya moría.

      Desesperado e impotente, subió a la cima para abrir una obertura en la montaña por la que se filtraran aquellos rayos de sol que podían conceder unos minutos más de vida a su amor. De un gran puntapié, arrancó una enorme roca que cayó en el mar.

      Al volver, su amada yacía muerta.

      La cogió en brazos, llevando con ella exóticas flores y frutas que allí se criaban, y, caminando entre las aguas, la llevó al islote en que se había transformado aquella roca arrancada. Allí, la abrazó con dulzura y yació junto a ella para protegerla hasta la eternidad.


Relato de Paco Saval

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