Escondido


Cada cual lleva dentro,
mientras vive, 
una vida segura.
Que ha de perder:
una vida insegura.

Juan Gil-Albert


      Esperando que sea la hora a la que viene ella. Es con la única persona con la que mantengo contacto desde hace un mes. No me resulta tan difícil estar encerrado en este altillo después de todo el miedo que he pasado en el frente y los compañeros que he perdido. Me siento egoísta al pensar que, al menos, han sido ellos y no yo. A veces, bajo a la cuadra y me paseo. Por la noche, cuando no hay luna, salgo fuera y me fumo un cigarro.
      Ha llamado a la puerta con nuestro número de golpes acordado. Hoy viene antes de tiempo.
      —Manuel, soy yo.
      ¿Qué me traerá hoy mi mujer? Un guisado de hinojo me vendría bien para calentar mi cuerpo contraído. La oigo subir los peldaños de la escalera de mano.
      —Manuel, tienes que cambiar de escondite. Te han delatado. Me lo ha dicho tu primo Eulogio que tenía guardia en el cuartel. Dice que tienes que cambiar de escondite inmediatamente.
      —Pero, ¿quién? ¿Quién ha sido el chivato?
      —Ha sido tu padre.
      En tiempo de guerra, cualquier persona podía aprovechar para ejercer su venganza. Mi padre. Su rencor hacia mi madre por haberse divorciado era inconmensurable y la ejerció a través de mí.


Relato de Virginia Cañizares

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